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El año de las grandes coincidencias
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El año de las grandes coincidencias

En 2015, en un evento empresarial en Lima, conocí a Alejandro Motta en la presentación de su libro 'Los 08 dominios del emprendedor'. Su sistema integral de gestión, su cercanía y sus enseñanzas me dieron la estructura que mi empresa necesitaba para dejar de improvisar y empezar a construir con método. Confirmé mi mantra: júntate con los mejores para ser mejor.

El 2015 estaba resultando ser un año mágico para mi formación como emprendedor. Ya había absorbido las lecciones de grandes figuras, pero sentía que me faltaba algo: un método, un esquema ordenado que pusiera en caja todas las ideas dispersas que rondaban mi cabeza. Fue entonces cuando llegó la invitación a un evento empresarial en la ciudad de Lima, y el nombre del ponente principal me resultó familiar pero aún desconocido: Alejandro Motta.

Sabía que era un empresario exitoso, pero no imaginaba que aquella tarde cambiaría para siempre la forma en que entendía la gestión de mi negocio. El evento estaba a reventar; empresarios de todos los sectores habíamos llegado con libretas en mano, ansiosos por escuchar a quien prometía descifrar el código del éxito emprendedor.

El lanzamiento del libro: "Los 08 dominios del emprendedor"
Alejandro Motta subió al escenario con una presencia magnética. No era un gurú de redes sociales ni un conferencista motivacional de esos que venden humo; era un hombre de carne y hueso que había construido imperios desde la trinchera y que, además, tenía la generosidad de compartir su método. Ese día presentó su obra cumbre: "Los 08 dominios del emprendedor".

Mientras desgranaba cada uno de esos dominios, sentí que alguien estaba poniendo nombre y orden a todos mis caos. No se trataba de teoría vaga; era un sistema probado, una hoja de ruta que abarcaba las áreas críticas que todo fundador debe dominar si quiere sobrevivir y prosperar. Recuerdo que su frase de apertura me caló hondo: "El emprendedor no nace, se hace. Y se hace trabajando concienzudamente cada uno de los 8 dominios de su vida y su negocio".

El cara a cara: Conversando con un maestro
Cuando terminó su presentación, hubo un espacio para preguntas y networking. Me armé de valor (y de mis dudas más apremiantes) y logré acercarme a él. No tuve que hacer largas filas ni pagar un VIP; Alejandro Motta es de esas personas que te miran a los ojos y te escuchan como si fueras el único en la sala.

Le conté que ya tenía unos años en el mundo del emprendimiento (con mis aciertos y muchos errores) y que sentía que estaba "apagando incendios" en lugar de construir una empresa sólida. Él sonrió y me dijo: "Eso pasa porque no tienes claros tus dominios. Si no sabes qué medir, no sabes qué mejorar". En ese momento, sacó su propio ejemplar del libro, lo abrió en el índice y comenzó a explicarme, con paciencia de profesor, en qué consistía cada uno.

Las enseñanzas clave que transformaron mi estructura empresarial
A partir de esa conversación, devoré su libro y empecé a aplicar sus dominios en mi día a día. Estas fueron las lecciones más impactantes:
1.- El Dominio Personal (Ser): Motta me enseñó que el emprendedor es el activo más importante de su empresa. Si tú estás roto, tu negocio se rompe. Esto implicaba trabajar mi salud física, mental y espiritual, además de mi inteligencia emocional. Empecé a dormir mejor, a hacer ejercicio y a rodearme de personas que me sumaran, no que me restaran.
2.- El Dominio Estratégico (Planificar): Hasta entonces, mi "planificación" era un documento que escribía en enero y no volvía a mirar. Él me enseñó a tener una visión clara a 5 años, una misión poderosa y objetivos SMART que revisara trimestralmente. Dejé de improvisar y empecé a trazar rutas.
3.- El Dominio Comercial (Vender): No se trata solo de tener un buen producto, sino de saber comunicar su valor. Motta me mostró que las ventas no son un área más; son el motor del negocio. Implementé sus técnicas de prospección, cierre y seguimiento, y en tres meses mis ingresos aumentaron un 40%.
4.- El Dominio Financiero (Gestionar): Siempre había llevado mis finanzas "al ojo". Él me obligó a entender los flujos de caja, los márgenes de contribución y la importancia de separar las finanzas personales de las empresariales. Fue doloroso, pero necesario.
5.- El Dominio del Talento (Liderar): Motta decía que "si contratas a personas que son menos que tú, te conviertes en una empresa de enanos; si contratas a personas más grandes que tú, te conviertes en una empresa de gigantes". Aprendí a delegar, a confiar y a contratar por actitud y valores, no solo por currículum.
6.- El Dominio Operativo (Ejecutar): Me enseñó que la estrategia sin ejecución es solo un sueño bonito. Optimicé mis procesos, documenté mis procedimientos y eliminé los cuellos de botella que frenaban mi crecimiento.
7.- El Dominio del Marketing (Posicionar): Si bien ya había aprendido de Klaric el neuromarketing, Motta me dio el enfoque estructural: cómo posicionar mi marca en la mente del consumidor a través de una propuesta de valor única y consistente.
8.- El Dominio de la Innovación (Renovarse): Finalmente, me recordó que el mundo cambia y que si no innovo, desaparezco. Me impulsó a dedicar tiempo semanal a investigar tendencias, leer a la competencia y preguntarme constantemente: "¿Qué puedo hacer hoy mejor que ayer?".

Mi mantra hecho realidad: "Júntate con los mejores para que seas mejor"
Siempre he creído en esa frase, y aquel día en Lima la viví en carne propia. Estar frente a Alejandro Motta, conversar con él y aprender de su experiencia no fue casualidad; fue una decisión consciente de buscar a quienes ya habían recorrido el camino que yo apenas empezaba a pisar.

Motta no solo me dio un libro; me dio un sistema. Antes de conocerlo, mi empresa era un barco sin timón a merced del viento. Después de aquel 2015, mi empresa se convirtió en un navío con rumbo fijo, brújula calibrada y capitán al mando.

Conclusión: El eslabón que completó la cadena
Si tuviera que resumir lo que significó Alejandro Motta en mi vida, diría que fue el arquitecto que puso orden en mi caos. Con Slim aprendí a pensar a futuro; con Klaric a conectar con las emociones; con Moreno a escalar con tecnología; pero con Motta aprendí a estructuralo todo bajo un mismo techo. Cada dominio era una pieza del rompecabezas, y gracias a él, por fin pude ver la imagen completa.

Hoy, años después, sigo teniendo su libro como mi Biblia empresarial. Lo subrayo, lo anoto y lo recomiendo a cada emprendedor que empieza. Y cada vez que alguien me pregunta por mi éxito, respondo con la misma frase que me impulsó a buscarlo: "Búscate a los mejores, siéntate a sus pies y aprende. El resto es disciplina".

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