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Nuestro primer curso presencial en 2017
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Nuestro primer curso presencial en 2017

En 2017, después de cuatro años de experiencia en cursos virtuales, nos aventuramos por primera vez en la presencialidad con un curso de Seguridad y Salud en el Trabajo. Conseguimos un local en el centro de Lima e impartimos nuestra primera clase con gran éxito, dejando a todos los asistentes satisfechos y reafirmando nuestro compromiso con la formación de calidad en todas sus modalidades.

El año 2017 fue un año de grandes decisiones y valentía para nuestra empresa de capacitaciones. Después de cuatro años de haber incursionado con éxito en el mundo de los cursos virtuales, desde aquel 2014 donde dimos nuestros primeros pasos en la educación en línea, decidimos dar un salto que nos generaba tanto entusiasmo como nervios: aventurarnos por primera vez en el desarrollo de un curso presencial. La modalidad virtual nos había dado grandes satisfacciones y nos había permitido llegar a estudiantes de diferentes partes del país y del extranjero, pero sentíamos que era momento de expandir horizontes y probar algo diferente, algo que nos conectara de manera más directa y humana con nuestros alumnos. Fue así como decidimos que nuestro primer gran reto en este nuevo formato sería un curso de Seguridad y Salud en el Trabajo, un tema de alta demanda y de suma importancia para profesionales y empresas que buscan cumplir con las normativas y, sobre todo, velar por el bienestar de sus colaboradores.

La aventura comenzó con la búsqueda del lugar adecuado para impartir nuestras primeras clases presenciales. Sabíamos que el espacio debía ser accesible, cómodo y que transmitiera la seriedad y calidad que caracteriza a nuestra marca. Después de evaluar varias opciones, tuvimos la oportunidad de conseguir un local estratégicamente ubicado en el corazón de la ciudad de Lima, en pleno centro histórico. Conseguir ese espacio no fue tarea fácil, porque implicó una inversión significativa y un montón de coordinaciones logísticas, desde el acondicionamiento del aula con los implementos necesarios hasta la adecuación de los materiales didácticos para un formato totalmente nuevo para nosotros. Sin embargo, el entusiasmo y la convicción de que estábamos dando un paso importante nos impulsaron a superar cada obstáculo y a preparar cada detalle con esmero para que nuestros primeros alumnos presenciales tuvieran una experiencia inolvidable.

Llegó el día tan esperado, la primera clase presencial de nuestra historia. Ver el aula llena de asistentes atentos, con sus libretas y lapiceros en mano, fue una sensación que difícilmente podré olvidar. El ambiente se llenó de energía, de preguntas y de un intercambio de conocimientos que en los cursos virtuales, aunque valiosísimos, no se experimentan con la misma intensidad. Poder mirar a los ojos de los participantes, leer sus gestos, resolver sus dudas al instante y sentir su retroalimentación en tiempo real fue una experiencia reveladora que nos confirmó que habíamos tomado la decisión correcta. Los temas de Seguridad y Salud en el Trabajo fluyeron con naturalidad, y el tiempo pareció volarse entre dinámicas, casos prácticos y reflexiones compartidas. Al finalizar la jornada, la sensación de logro era inmensa, pero lo que realmente nos llenó de orgullo fue ver a todos nuestros asistentes retirarse con una sonrisa de satisfacción, agradecidos por todo lo aprendido y con la certeza de que habían invertido su tiempo en algo que realmente transformaría su desempeño laboral.

Esa primera clase presencial no solo fue un éxito académico, sino también un aprendizaje invaluable para nosotros como institución. Nos demostró que la presencialidad tiene un valor único en la formación, porque permite construir vínculos más fuertes entre los participantes y con los facilitadores, y genera un compromiso y una inmersión en el contenido que es difícil de replicar en otros formatos. También nos enseñó a mejorar nuestros procesos logísticos, a afinar nuestra comunicación con los alumnos y a entender mejor las necesidades reales de nuestro público. A partir de esa experiencia, supimos que los cursos presenciales serían un pilar más de nuestra oferta educativa, complementando de manera perfecta nuestra ya consolidada trayectoria en el mundo virtual. Aquel local en el centro de Lima se convirtió en un símbolo de nuestro crecimiento y de nuestra capacidad para adaptarnos y evolucionar, y cada vez que paso por sus inmediaciones, no puedo evitar sonreír al recordar aquel día en que dimos nuestros primeros pasos en la presencialidad, con el corazón lleno de ilusión y la certeza de que estábamos construyendo algo realmente importante para el futuro de nuestra empresa.

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